Anales del Ateneo del Uruguay, Volumen6

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Ateneo del Uruguay, 1884
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Página 131 - With fairest flowers, Whilst summer lasts, and I live here, Fidele, I'll sweeten thy sad grave : thou shalt not lack The flower that's like thy face, pale primrose ; nor The azured hare-bell, like thy veins ; no, nor The leaf of eglantine, whom not to slander, Out-sweeten'd not thy breath...
Página 113 - Good my lord, You have begot me, bred me, loved me : I Return those duties back as are right fit, Obey you, love you, and most honour you. Why have my sisters husbands, if they say They love you all ? Haply...
Página 216 - ... de su infructuosa pompa. Abrigo den los valles a la sedienta caña; la manzana y la pera en la fresca montaña el cielo olviden de su madre España; adorne la ladera el cafetal; ampare a la tierna teobroma en la ribera la sombra maternal de su bucare; * aquí el vergel, allá la huerta ría ... ¿Es ciego error de ilusa fantasía?
Página 216 - Ya dócil a tu voz, agricultura, nodriza de las gentes, la caterva servil armada va de corvas hoces; mirola ya que invade la espesura de la floresta opaca; oigo las voces; siento el rumor confuso; el hierro suena; los golpes el lejano eco redobla; gime el ceibo anciano, que a numerosa tropa largo tiempo fatiga: batido de cien hachas se estremece, estalla al fin, y rinde el ancha copa.
Página 300 - Adán... Adán dormía. ¡ La primera mujer! Fúlgido cielo que bañó con su lumbre la mañana primer de las mañanas, ¿viste luego en la vasta muchedumbre de las hijas humanas alguna más gentil, más hechicera, más ideal que la mujer primera? La misma mano que vistió la tierra de azules horizontes, los campos de esmeralda, y de nieve la cumbre de los montes y de verde oscurísimo su...
Página 142 - Cuando emigran las aves en bandadas suelen algunas, al llegar la noche, detenerse en las costas ignoradas y agruparse de paso a descansar. Entonces dan los ánades un grito, que repiten los ecos, y parece que hay un Dios que responde en lo infinito llamando al hijo errante de la mar.
Página 299 - Naturaleza, de salir del caos aún deslumbrada, ebria de juventud y de belleza, virginal y sagrada, velándose en misterio y poesía, sobre el tálamo en rosas de la tierra al Hombre se ofrecía. ¡El hombre! . . . Allá en el fondo más secreto del bosque, do la sombra era más tibia del gentil palmero, y más mullida la musgosa alfombra y más rico y fragante el limonero; donde más lindas se...
Página 216 - ... rinde el ancha copa. Huyó la fiera; deja el caro nido, deja la prole implume el ave, y otro bosque no sabido de los humanos va a buscar doliente.
Página 145 - ¡Señor, Señor, el pájaro perdido puede hallar en los bosques el sustento, en cualquier árbol fabricar su nido ya cualquier hora atravesar el viento! ¡Y el hombre, el dueño que a la tierra envías armado para entrar en la contienda, no sabe al despertar todos los días en qué desierto plantará su tienda!
Página 309 - Ejecutivo, no hay libertad, porque se puede temer que el mismo monarca o el mismo senado hagan leyes crueles para ejecutarlas tiránicamente.

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