El Animal Más Peligroso: Un Thriller Victoriano

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gabriel pombo, 2016 - 314 páginas

 Novela de suspenso con marco de hechos reales ambientada en Inglaterra de fines del siglo XIX, referida a los crímenes del Asesino del Torso de Támesis y de Jack el Destripador y a su persecución a cargo de detectives contratados por el Comité de Vigilancia de Whitechapel.

 

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Es casi imposible interrumpir la lectura de esta obra cuando se ha leído la primera página. La cadencia opresiva de los párrafos iniciales seduce de inmediato: nada tiene de gratuito ni de inevitable y participa, pues, de lo trágico. Es la violencia fatal que implacable se abate sobre unas indefensas y pobres mujeres. Una fuerza perversa y repugnante las atrae a un destino sórdido, en esta crónica de homicidios enmarcada en la Inglaterra de finales del siglo XIX. Se trata de una de las mejores novelas sobre crímenes de la era victoriana, donde el autor, lejos de adornar personajes con largas descripciones, principalmente se remite a los propios hechos. Así, con las escenas limpias, los lectores nos convertimos en fiscales, juzgando los acontecimientos con nuestros propios valores, y generando una relación íntima y subjetiva con las circunstancias. Gabriel Pombo, abogado y estudioso del fenómeno de los asesinos seriales y del caso de Jack el Destripador, sabe de qué está hablando; y de su anterior experiencia como ensayista, sabe cómo desarrollar el tema, sirviéndose para ello de la ficción histórica.
En el distrito de Whitechapel, en el este de Londres, las prostitutas pululan y malviven en perpetua zozobra desde que, en el otoño de 1888, un sádico asesino viene cebándose en ellas, frente a la impotencia de la policía y del Comité de Vigilancia, fundado éste para colaborar en la aprehensión del psicópata. Arthur Legrand, el personaje central de “El animal más peligroso: Un thriller victoriano” (2016), es un antiguo teniente francés de la guerra franco-prusiana; un próspero comerciante de casi cincuenta años residente en Westminster, con una segunda ocupación que le apasiona y a la cual consagra su talento: liderar un equipo de investigadores, que han sido contratados por el Comité de Vigilancia, en un desesperado intento por poner fin a los asesinatos.
Este hombre no es sólo un intelectual que se vale de su mente para combatir el delito, sino que no titubea en emplear sus músculos cuando recorre los tugurios donde podría acechar el monstruo.
El otro personaje esencial de la novela es la joven pareja de éste, Bárbara, quien trabaja encubierta para la Agencia Central de Noticias de Londres y supera en fervor a su amante. Capturar a los homicidas es su obsesión. Sin remilgos, se disfraza de meretriz y acude a las tabernas fingiendo aprestarse a ejercer ese oficio, en pos de obtener información tan vital como peligrosa. A Arthur y Bárbara los secundan en sus afanes detectivescos Charles Legrand, hermano menor del jefe, el ex policía John Batchelor, y el agente de la Policía Metropolitana Thomas Barrett. Cabe interlinear que estos tres últimos existieron, y participaron en la historia de Jack el Destripador. ¿Cómo un elenco tan reducido podría triunfar donde la poderosa Scotland Yard ha fracasado? Y no solamente deberán vérselas con un único maníaco. El doctor Bond, cirujano pionero en perfiles criminales, les advierte que también campea a sus anchas otro ejecutor más despiadado, frío y metódico, cuyas presas humanas aparecen desmembradas y esparcidas a las orillas del Támesis. En realidad, tales atrocidades ocultas para el gran público databan de quince años atrás, desde setiembre de 1873, cuando emergieron los restos de una mujer en el área de Battersea, ribera sur del río. El 16 de octubre de 1888 había llegado a George Lusk, presidente del Comité de Vigilancia, una carta encabezada “Desde el infierno” y atribuida al Destripador, junto a una caja con medio riñón humano. Días más tarde, un ayudante trae a su jefe otra misiva. En ella, su emisor se jactaba de que le gustaba matar personas porque, según señala, el ser humano “es el animal más peligroso de todos”...
Fragmento de la reseña: "Asesinatos en el Londres victoriano", en el sitio web "Misterios de nuestro mundo", Juan Carlos Anselmi, 21 de febrero de 2018.
 

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Gabriel Antonio Pombo realizó un brillante estudio sobre la época en que su novela se desarrolla.
Nos ofrece el retrato inmisericorde de una sociedad decadente, moralmente dudosa e incapaz de
adaptarse a los cambios. Una sociedad hipócrita que escondía sus llagas amordazando a la prensa, obligándola a callar que estaba teniendo efecto una secuencia de homicidios aberrantes.
Ello al extremo de negar la inequívoca presencia de un ejecutor de mujeres que luego pasaría a la historia con el remoquete de “El Descuartizador del Támesis”. Desde el momento en que incursionamos en las páginas de este libro nos vemos atraídos por un entramado tan adictivo que somos incapaces de cerrarlo hasta saber cómo concluye todo.
Partiendo de esta premisa, el novelista elucubra el origen del mal encarnado por el victimario que la historia conoció como "Jack el Destripador", y nos desvela, a su vez, las andanzas de otro perpetrador aún más cruel tildado “El asesino del torso de Támesis".
Nos da cuenta de los estragos que esos delincuentes provocaron, y de las medidas adoptadas para defender a los habitantes de los villorrios donde aquellos tenían su coto de exterminio.
Pero, además, la novela nos habla de las nuevas divinidades que la revolución industrial y el capitalismo, con sede en Inglaterra, traía para el mundo moderno. Nos muestra a personajes con mucho dinero e influencias. Esos “Sires” y “Lores”, esos diplomáticos de rancia alcurnia con un poder que los volvía intocables, contra quienes la policía oficial no actuaba.
Tendremos vislumbres de sociedades secretas seudo satánicas, que en realidad eran fachadas tras las cuales sus líderes jugaban a ser Dioses o Demonios, contando con fieles adeptos y organizando cacerías. Antes se habían contentado con atrapar ciervos y jabalíes pero ahora, al sentirse impunes, cazarían seres humanos. Más concretamente mujeres, y más aún, mujeres pobres carentes de protección; de ser posible “infortunadas”, como se denominaba entonces a las prostitutas. El autor no escatima en conducirnos a través del Londres profundo, con sus ruinosas pensiones y sus tabernas de mala muerte en un distrito llamado Whitechapel. Un lugar sin duda muy real, pero casi desconocido para el inglés promedio; un lugar cuya existencia el gobierno victoriano trataba de ocultar, como si fuese un vergonzante pecado. Y así, entre trazo y trazo, se nos revela la otra cara del pujante país. Un rostro deformado que contrasta con el Westminster del centro de Londres, donde residen personajes claves como el médico Thomas Bond, el detective Arthur Legrand y sus dos anónimos antagonistas: “Jack el Destripador” y “El asesino del torso de Támesis”. Todo esto, empero, no es sino la excusa que el escritor utiliza para contarnos una historia basada en hechos reales y de género negro policial. Y es que toda la novela en sí es un acto de ilusionismo, que nos mantiene enganchados desde el tétrico comienzo hasta alcanzar el último capítulo, en el cual se descubrirá el truco de magia literaria con el que Pombo nos ha tenido cautivados.
Reseña publicada el 21 de abril 2019 en el grupo de facebook "aficionados a la ripperología".
 

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Acerca del autor (2016)

 Gabriel Pombo es un escritor uruguayo especializado en asesinos seriales, y en particular en el caso criminal de Jack el Destripador y en la era victoriana.

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