El Animal Más Peligroso: Un Thriller Victoriano

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gabriel pombo, 2016 - 314 páginas

 Novela de suspenso con marco de hechos reales ambientada en Inglaterra de fines del siglo XIX, referida a los crímenes del Asesino del Torso de Támesis y de Jack el Destripador y a su persecución a cargo de detectives contratados por el Comité de Vigilancia de Whitechapel.

 

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En esta ficción se nos recrea la vida en Whitechapel (distrito del este de Londres) donde las prostitutas malviven en perpetua zozobra desde el otoño de 1888, cuando un sádico feminicida viene cebándose en ellas frente a la impotencia de Scotland Yard y del Comité de Vigilancia, fundado para colaborar en la aprehensión del psicópata. El protagonismo lo asume Arthur Legrand, antiguo teniente francés de la guerra franco-prusiana; próspero comerciante de casi cincuenta años residente en Westminster, con una segunda ocupación a la cual consagra su talento: liderar un reducido equipo de pesquisas contratado para auxiliar a las autoridades, en un desesperado intento por poner fin a la matanza. Lo secunda su joven pareja Bárbara Doyle, quien trabaja encubierta para la Agencia Central de Noticias y supera en fervor a su amante.
El relato se estructura a partir de una línea argumental con dos momentos temporales (desde octubre a noviembre de 1888, en la primera sección, y desde mayo de 1887 a septiembre de 1889, en la segunda), pero con los mismos protagonistas. En mi parecer, la segunda parte deviene más fluida e impactante que la inicial. Pero la primera resulta imprescindible para discernir los ulteriores eventos, el modus operandi de los criminales y sus motivaciones. Además, en el último segmento conoceremos mejor a la pareja protagonista y a los partícipes secundarios, hasta llegar a sentir genuina simpatía por sus acciones y reacciones. La temática primordial, aparte del thriller en sí mismo, se sustenta en el enigma provocado por una sucesión de homicidios contra mujeres pobres, y la ritualidad con que son llevados a cabo. El aspecto documental está planteado con notable rigor, al punto de que me sorprende que el autor no sea un historiador profesional, sino que se dedique a un área tan diferente, como es el ejercicio de la abogacía.
Además de la pareja que funge en el papel protagónico, se introduce a algunos subordinados que aportan frescura y originalidad (los policías John Batchelor y Thomas Barrett, por ejemplo), y otros que tuvieron existencia histórica asociada a los crímenes de Jack el Destripador (el cirujano forense Thomas Bond y el inspector Henry Moore). Son unos secundarios perfilados con acierto y muy potentes, que también gozarán de un rol relevante dentro de este thriller.
"El animal más peligroso" es un libro que engancha y que, en mi opinión, va de menos a más. Sus páginas iniciales, adecuadamente rotuladas "preludio", me parecieron abruptas y, en lo personal, me descolocaron bastante porque se sitúan quince años antes del nudo argumental, sin que ninguna alusión se efectúe luego a dicho comienzo. Pero es cierto igualmente que, a medida de que el hilo discursivo gana en consistencia e interés, cuando estamos por arribar al desenlace, se nos revelará la importancia de aquella críptica escena primigenia. Entonces todo nos terminará cerrando, dándose cima a una novela de gran fuerza expresiva.
Podría afirmarse que esta obra arropa una historia predecible dentro de lo impredecible. Ello es así, pues el escritor propone mil y un giros, vueltas e imposturas; aunque nunca se nos esconde la verdadera identidad de los asesinos. Las relaciones ocultas entre prácticamente todos los personajes son continuas. Yo no las resolví todas, pero sí la más trascendente, es decir: cuál era el móvil que animaba a los dos héroes (la pareja de investigadores) para perseguir con tanta tenacidad a los homicidas. Pero aunque este no sea el típico folletín detectivesco, donde la clave radica en descubrir la identidad de los culpables, aún así me ha fascinado. El novelista sabe mantener la tensión a cada instante y los hechos que, sin tapujos, nos permite conocer, no le restan ni una pizca de entretenimiento a la narrativa.
 

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Gabriel Antonio Pombo realizó un brillante estudio sobre la época en que su novela se desarrolla.
Nos ofrece el retrato inmisericorde de una sociedad decadente, moralmente dudosa e incapaz de
adaptarse a los cambios. Una sociedad hipócrita que escondía sus llagas amordazando a la prensa, obligándola a callar que estaba teniendo efecto una secuencia de homicidios aberrantes.
Ello al extremo de negar la inequívoca presencia de un ejecutor de mujeres que luego pasaría a la historia con el remoquete de “El Descuartizador del Támesis”. Desde el momento en que incursionamos en las páginas de este libro nos vemos atraídos por un entramado tan adictivo que somos incapaces de cerrarlo hasta saber cómo concluye todo.
Partiendo de esta premisa, el novelista elucubra el origen del mal encarnado por el victimario que la historia conoció como "Jack el Destripador", y nos desvela, a su vez, las andanzas de otro perpetrador aún más cruel tildado “El asesino del torso de Támesis".
Nos da cuenta de los estragos que esos delincuentes provocaron, y de las medidas adoptadas para defender a los habitantes de los villorrios donde aquellos tenían su coto de exterminio.
Pero, además, la novela nos habla de las nuevas divinidades que la revolución industrial y el capitalismo, con sede en Inglaterra, traía para el mundo moderno. Nos muestra a personajes con mucho dinero e influencias. Esos “Sires” y “Lores”, esos diplomáticos de rancia alcurnia con un poder que los volvía intocables, contra quienes la policía oficial no actuaba.
Tendremos vislumbres de sociedades secretas seudo satánicas, que en realidad eran fachadas tras las cuales sus líderes jugaban a ser Dioses o Demonios, contando con fieles adeptos y organizando cacerías. Antes se habían contentado con atrapar ciervos y jabalíes pero ahora, al sentirse impunes, cazarían seres humanos. Más concretamente mujeres, y más aún, mujeres pobres carentes de protección; de ser posible “infortunadas”, como se denominaba entonces a las prostitutas. El autor no escatima en conducirnos a través del Londres profundo, con sus ruinosas pensiones y sus tabernas de mala muerte en un distrito llamado Whitechapel. Un lugar sin duda muy real, pero casi desconocido para el inglés promedio; un lugar cuya existencia el gobierno victoriano trataba de ocultar, como si fuese un vergonzante pecado. Y así, entre trazo y trazo, se nos revela la otra cara del pujante país. Un rostro deformado que contrasta con el Westminster del centro de Londres, donde residen personajes claves como el médico Thomas Bond, el detective Arthur Legrand y sus dos anónimos antagonistas: “Jack el Destripador” y “El asesino del torso de Támesis”. Todo esto, empero, no es sino la excusa que el escritor utiliza para contarnos una historia basada en hechos reales y de género negro policial. Y es que toda la novela en sí es un acto de ilusionismo, que nos mantiene enganchados desde el tétrico comienzo hasta alcanzar el último capítulo, en el cual se descubrirá el truco de magia literaria con el que Pombo nos ha tenido cautivados.
Reseña publicada el 21 de abril 2019 en el grupo de facebook "aficionados a la ripperología".
 

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Acerca del autor (2016)

 Gabriel Pombo es un escritor uruguayo especializado en asesinos seriales, y en particular en el caso criminal de Jack el Destripador y en la era victoriana.

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